Después de las comidas copiosas, los brindis y los dulces navideños, llega enero con su aire de renovación. Pero más que hablar de dietas estrictas o sacrificios, este es un buen momento para volver a lo esencial: comer con sentido común, recuperar el orden y sentirnos bien sin prisas ni culpa.
Empieza el día con algo caliente
En pleno invierno, el cuerpo agradece un desayuno templado. Una tostada de pan de pueblo con aceite de oliva, una crema de verduras ligera o unas gachas caseras son opciones sencillas que sientan bien. Evita lo frío y lo improvisado: el primer bocado del día marca el ritmo de todo lo demás.
Bebe más, pero no solo agua
Después de tantos excesos, conviene ayudar al cuerpo a depurarse, pero sin obsesiones. Las infusiones digestivas (como el hinojo o la manzanilla), los caldos caseros o el clásico agua con limón en ayunas ayudan a hidratar y a poner todo en marcha de forma natural.
Vuelve a la cocina de siempre
No hace falta complicarse. Las legumbres, las verduras de temporada, el pescado al horno o un buen guiso ligero son alimentos que reconfortan y nutren. Cocinar en casa, con productos frescos y sin prisas, es una forma de cuidarse que nunca pasa de moda.
Reduce el dulce, sin prohibirte nada
Tras semanas de turrones, polvorones y sobremesas largas, el cuerpo pide una pausa. Recupera los sabores amargos y frescos: una ensalada de escarola con granada, unas alcachofas salteadas o una infusión con un poco de limón. Y si un día te apetece algo dulce, tómalo sin remordimientos, pero con medida.
Haz de la mesa un momento de calma
No se trata solo de qué comemos, sino de cómo lo hacemos. Comer sin pantallas, masticar despacio y sentarse a la mesa aunque se esté solo son gestos que ayudan más de lo que parece. Lo importante no es hacer dieta, sino recuperar el equilibrio y el gusto por cuidarse.